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Atardecer en el templo de Pre Rup

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Llegué en tuk-tuk, claro. No iba a cruzarme media jungla a pata como un arqueólogo de los años 30. El conductor era un tipo menudo con una sonrisa permanente y un repertorio básico de español aprendido de turistas: “¡Cristiano Ronaldo, muy bueno!” Asentí con convicción, aunque me da igual el fútbol. Pero nací en Sevilla, y allí no se elige. Allí, cuando un niño nace, antes de saber andar ya le han hecho del Betis o del Sevilla. No como en Córdoba o en Soria, donde se reparten entre el Madrid y el Barça como si fueran marcas de yogur. La carretera se fue transformando en tierra, la tierra en polvo, y el polvo en piedra. Y ahí estaba Pre Rup. Un templo de ladrillo rojizo, sólido, sin florituras. Parecía más una fortaleza que un santuario. Dicen que fue construido para Shiva, pero con tantos dioses, reyes y reformas, quién sabe. Durante años se creyó que aquí se cremaban cuerpos. Pero nada. Otro malentendido romántico. Lo que parece una pira funeraria es solo la base de una ...

El bosque de Oma y el arte que lo arruinó

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Hay cosas que huelen a impostura desde lejos, como un perfume barato en un ascensor. El Bosque de Oma, ese experimento cromático de Agustín Ibarrola perdido entre los hayedos de Kortezubi, es una de ellas. Se presenta como una fusión de arte y naturaleza, pero lo que realmente ofrece es un parque temático del ego disfrazado de intervención artística. Ibarrola, que algunos veneran como visionario del land art a la vasca, pintó decenas de árboles vivos con formas geométricas, ojos, figuras humanas, rayas multicolores y hasta motoristas como si el bosque fuera un cuaderno de colorear infantil. Y ahí estuvo la cosa, años al sol y la humedad, como un mural psicodélico que se descomponía lentamente. Hasta que el bosque, literalmente, murió. Sí, el Bosque de Oma original ha pasado a mejor vida. La causa fue la banda marrón, una enfermedad provocada por un hongo (el Phaeolus schweinitzii , para los curiosos), que afecta principalmente a los pinos y acabó por condenar al conjunto. ¿Fue culpa...

La hora azul del Puente Nuevo de Ronda

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Hace unos días, por fin disparé una de esas fotos que tenía pendientes desde hace años: el Puente Nuevo de Ronda, justo en la hora azul. Ese instante caprichoso en el que el día se resiste a morir y la noche aún no se atreve a entrar del todo. El cielo se vuelve de un azul imposible, como de postal manipulada, pero real. Tan real como el peso del trípode que cargué hasta el punto de la toma. No era una foto cualquiera. Era una cuenta pendiente. Una especie de reconciliación entre lo que fui y lo que soy. Porque hace muchos años, cuando aún llevaba el pelo rapado y las botas bien lustradas, estuve destinado en Ronda, en la XIX Bandera de Operaciones Especiales de la Legión. De aquellos días me queda el olor a pólvora, la disciplina a gritos y la memoria muscular de haber subido decenas de veces desde el valle hasta el pueblo corriendo, con el puente allá arriba, como un coloso de piedra que me vigilaba sin pestañear. Aquella estructura era el final del sufrimiento físico y el principio ...

Fotografiar el castillo de Andrade: entre historia y fantasía

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  Castillo de Andrade , Pontedeume,  abril 2025 Nikon Z-fc, Nikon DX 15-50 mm. f/3,5-6,3 a 26 mm. Apertura f/8 Obturación 1/320s. ISO 100 Un pequeño desvío en el camino Quienes seguís este blog sabéis que suelo hablar de fotografía, naturaleza y viajes. Y esta entrada, en principio, no iba a ser diferente. Pero a veces, una imagen antigua, un recuerdo enterrado o una piedra con historia pueden abrir la puerta a otro tipo de viaje. Esta vez no ha sido una ruta por montañas ni una escapada con la cámara al hombro, sino un recorrido hacia la infancia, la memoria... y una historia medieval que me toca muy de cerca. Todo empezó con un libro de castillos, una vieja habitación que fue biblioteca, y un apellido que —para mi sorpresa de niño— también daba nombre a una fortaleza gallega. Lo demás, como suele decirse, vino rodado: una visita, una fotografía, una investigación... y, finalmente, un retrato literario del hombre que dio origen a todo. Porque por cosas de la vida, crecí y me ...

Fotografiar cetáceos: técnica, paciencia y suerte

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Desde siempre he sentido una atracción casi magnética por los grandes cetáceos. Hay algo ancestral en ellos, como si arrastrasen el espíritu primitivo de la Tierra en cada movimiento. De niño, me quedaba hipnotizado viendo los documentales del Comandante Cousteau: aquellas criaturas descomunales parecían fantasmas del océano, deslizándose en un mundo ajeno al nuestro. Ver saltar a una ballena —esa montaña viva que irrumpe en el aire por unos segundos— no es solo impresionante, es casi una revelación. Islandia: el rugido del hielo y la ballena La imagen de la ballena la fotografié en Islandia, en una excursión que zarpaba desde Húsavík, ese pueblito del norte islandés donde el frío te entra hasta los huesos, pero la promesa de ver un coloso marino lo justifica todo. Salimos en un navío de velas llamado Haikur  —sí, velas de verdad, como en las novelas de aventuras, pero con más Gore-Tex que romanticismo—. Húsavík es parada obligatoria para los amantes del “Whalewatching”... o, si ...

Paisajes de montaña en blanco y negro. V

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La montaña no dice nada, pero lo dice todo. Esta foto no tiene color porque el color estorba. Aquí el verde no importa, el azul sobra. Aquí solo manda el contraste: la luz arañando las nubes, la sombra escondida bajo cada roca, el reflejo apagado de un lago que parece no tener fondo ni prisa. El lugar: uno de los lagos de Colomers. El Lac Long , para ser exactos. Nombre corto, presencia larga. Una lámina de agua al norte del tiempo, rodeada de piedra, bosque y ese silencio que te cala más que la humedad. No hay barandillas, ni wifi, ni promesas. Solo aire fino y esa sensación de que el mundo, en realidad, no te necesita para nada. Cuatro tomas verticales, ensambladas como las vértebras de un animal prehistórico. Un monstruo dormido. Lightroom hace lo que puede, pero la verdad de esta escena no se edita: se sufre, se camina, se espera. Y a veces, si uno tiene suerte, se captura. Junto a la orilla, apenas visible, está mi compañero de excursión. Se alejó en silencio para hacer sus propia...

Historia tras la foto: Composición, luz dura y ritmo urbano

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 Era casi mediodía y el sol caía con una dureza que no perdona. La luz, frontal y sin matices, aplastaba las texturas y borraba los volúmenes, pero también tenía algo hipnótico, como si todo estuviera bajo el foco de un escenario. Estaba en el casco viejo de Vitoria-Gasteiz, cámara en mano, practicando lo que algunos llaman pesca fotográfica: eliges un encuadre, te plantas como una estatua y esperas a que la vida se cruce por delante. El lugar lo pedía a gritos. Un arco de piedra maciza daba paso a una escalinata empedrada que trepaba hacia algún rincón oculto del edificio. La luz dura chocaba con la sombra del arco y creaba ese contraste que a veces funciona mejor que cualquier filtro. En la pared, tres placas metálicas marcaban territorio: “ARKUPEKO ESKAILERAK”, “SAN FRANTZISKO ALDAPA” y “CUESTA DE SAN FRANCISCO”. Ya solo con eso, la escena tenía anclaje. Esperé. A veces no pasa nada, y te tragas tus expectativas. Pero esta vez no. Dos hombres mayores entraron en cuadro, en dir...

Fotografiando leones marinos en Galápagos: ternura con colmillos

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  Pocos animales despiertan tanta simpatía como los leones marinos de Galápagos. Son graciosos, expresivos, y se tumban a tus pies como si fueras parte del paisaje. Pero cuidado: bajo ese aire de peluche hay dientes. Y si no, que se lo digan a una compañera de viaje... Discusión familiar , Islas Galápagos, noviembre  2021 Nikon D-810, Nikon 70-200 mm. f/2.8 a 200 mm. Apertura f/5.6 Obturación 1/640s. ISO 200 Podría decir que fotografiar leones marinos en Galápagos ( Zalophus wollebaeki ) es sencillo, pero sería quedarme corto. Es ridículamente fácil. Estos animales —también conocidos como  lobos marinos — viven como si el archipiélago fuera un spa al aire libre. Y tú, turista con cámara al cuello, no eres más que un figurante en su serie diaria de siestas, chapuzones y bostezo escénico. Tierna infancia , Islas Galápagos, noviembre  2021 Nikon D-810, Nikon 70-200 mm. f/2.8 a 122 mm. Apertura f/8 Obturación 1/320s. ISO 3200 Los ves en las playas, claro, pero también so...

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Oporto entre copas, clics… y un poco de decadencia.