Despidiendo el otoño.
Con el cambio climático en marcha, no me queda otra que adaptar mis hábitos fotográficos. Tradicionalmente, en el norte de España, el clímax del otoño —ese momento en que los bosques atlánticos se visten de ocres, amarillos y rojos— llegaba entre finales de octubre y principios de noviembre. Pero en los últimos años, este espectáculo se retrasa cada vez más. A veces, como este año, ni siquiera llega a producirse. Durante las dos últimas semanas de octubre hice algunas salidas con la esperanza de capturar esos colores tan fotogénicos. Fue en vano. Las temperaturas veraniegas, tercas como una mula, no dieron tregua hasta pasada la primera quincena de octubre. Así no hay hayedo que cambie de traje. Cuando por fin empecé a recibir avisos de que los tonos cálidos habían hecho acto de presencia, ya estábamos a mediados de noviembre. Para entonces, el trabajo me tenía atrapado y no pude salir a disparar como suelo hacer. Resultado: pocas oportunidades y menos fotos otoñales de las bue...